Somos un equipo compuesto por Natalia Clow (Escritora) y Rayvon (Dibujante).

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viernes, 29 de junio de 2012

Amando por Dos Capitulo 2


CAPITULO 2

Uno, dos, tres golpes sobre el madero que lo separaba del pasillo. Tomó tiempo ubicarse en el lugar. La cabeza le pesaba y el cuerpo le crujía solo de moverse. Se levantó con desgana y abrió la puerta. Miró a la empleada y esta con una sonrisa dijo:
— Servicio a la habitación.
Pasó sin esperar la confirmación de huésped. Se quedó mirándola mientras organizaba la cama y al mirar su reloj de muñeca, vio que marcaba las 6:15 a.m. Pensó que había sido un buen momento para que lo levantaran.
Se puso su bléiser y estirándolo un poco para disminuir la intensidad de las  arrugas, salió del hotel. La luz de la mañana le abrazó, mientras él caminaba hacia la estación del tren. Estaba pensado que quizás iba a tener que verle al llegar a casa, pero no podía ser huyendo.
Mientras estaba en el tren, se puso a hacer cuentas. Estaba a fin de mes y tenía que recortar presupuesto, para durar hasta la paga. Esas operaciones lo mantuvieron distraído. Cruzó por su mente la idea de cambiar la chapa de su apartamento, así Andrew no tendría entrada. Esta vez si iba a alejarse de él. La próxima vez que lo viese, le iba a terminar y cargaría con las consecuencias de ello.
Al llegar a su casa, los pies se le ralentizaron. — ¿Y si todavía está ahí? — pensó. Todo el valor que se había infringido, se le había esfumado en un instante. No podía evitar ese deje de cobardía. Respirando profundo, abrió la puerta del apartamento, pero no había nadie. Sus piernas le temblaron y se apoyó en la puerta mirando para el interior. No pudo evitar soltar una pequeña sonrisa. Con dinamismo entró a bañarse.
Mientras el agua corría, el teléfono comenzó a sonar. Él evidentemente no iba a salir empapado y desnudo para contestar. Ya luego devolvería la llamada. La maquina contestadora tomó el mensaje de quien había llamado y luego silenciosamente lo guardó.
Salió rápido, más por la prisa de cambiarse, que por la de saber quien llamó. Se vistió y casi corriendo salió para el trabajo. Mientras iba a la estación, se preguntaba si había llamado Andrew. Decidió desechar la idea, no por lo improbable, sino por no querer amargarse el día.  
***
Recibió el papel por la ventanilla y le revisó. Con eso ya había cumplido el último requisito. Guardó el papel  en la carpeta de plástico. Abrió su celular con la esperanza de ver ahí la respuesta a sus infinitas llamadas. No había nada.
Tenía que hablar con Frederic. Era importante que le comentara la situación. Le había esperado toda la noche, pero no se había aparecido. De haber podido le hubiese gustado quedarse hasta que él se apareciera en el apartamento, pero tenía que reclamar los papales además de que tenía que terminar de llenar los formularios.
Al fin había podido reunir los requisitos para poder entrar a la universidad. Sabía que estaba un poco tarde, pero era su sueño. Le había tocado trabajar con su tío con su negocio de trasteos. Todo había sido para poder reunir el dinero y presentarse a la universidad. Solo había un problema. La universidad quedaba en otra ciudad. Por eso quería hablar con Frederic, pero este le seguía huyendo. Sabía que no se había comportado de lo mejor, pero ese momento no era para huir.
Estaba pensado en ir a verle a la oficina. Al comienzo de su relación, fue el primer punto que puso Frederic a colación. No quería verle por los alrededores, ni es su empresa bajo ningún motivo. Pero dado a que estaba huyendo, solo le quedaba trasgredir la única norma que había estado cumpliendo al pie de la letra. Trataría de que fuese en un momento apropiado. Llegaría para verle a la hora del almuerzo.
Aprobando su plan, se dirigió hacia la oficina de Frederic.
***
Lo primero que pensó en el momento que pisó su oficina, era el de huir del jefe. Sentía que la vergüenza no le iba a permitir permanecer callado. Seguramente la amabilidad de su jefe le ablandaría. Y ahora no era el mejor momento de ponerse sentimental.
Se sentó y lo primero que vio al abrir el cajón era su celular.  Le puso la pila y lo prendió. Le recibió todos los mensajes que había dejado Andrew. Sintió una curiosidad maligna por saber que tan enojado estaba. Puso el último mensaje y lo escuchó — ¿Dónde estás? Necesito hablar contigo. — Eso extraño, era un tono calmado y con cierto deje de indiferencia. Se esperaba un montón de groserías, de amenazas. La verdad es que se preocupó.
Guardó el celular en su maleta y meditabundo comenzó a trabajar. La verdad es que no le quedaba mucho por hacer. Por ponerse a hacer horas extras el día de ayer, el trabajo para hoy era más reducido.
Los dedos se movían solo, producto de la costumbre. Él ya no necesitaba poner el ciento por ciento de sí, en muchos trabajos, porque solo eran cuestión de patrones que había que administrar bien.
Se escuchaba el ruido constante de las personas hablando, de los teléfonos sonando, de las fotocopias en funcionamiento. Era otro día más de trabajo, pero para él parecía algo anormal. Sentía que todas las miradas le estaban diciendo que sabían lo que era y que hacía. Que estaba saliendo con un chico 9 años menor que él. Que ese chico le golpeaba. Que era un estúpido que se dejaba maltratar en respuesta a que era un inútil sentimentalmente hablando. Quizá se había puesto paranoico por su jefe que le había descubierto sus moretones. Quizá solo estaba buscando exteriorizar todas las quejas que tenía contra sí mismo reflejándola en las miradas de los demás.
Se levantó a recoger unas impresiones que había sacado y fue a sacarle una fotocopia. Inconscientemente miró hacia la oficina del jefe y vio a un hombre vestido de negro que no sabía quien era. El jefe estaba alterado y fumaba antes de gritarle el humo en la cara a su acompañante. Se sorprendió al ver esa escena y con sus ojos rodeó el perímetro viendo quien más estaba viendo la escena. Todo el mundo parecía ignorarla. Bajó la mirada y sacó rápidamente las fotocopias y se fue a su asiento. 
Eso le ayudó a distraer su mente. Se mantuvo haciendo suposición de quien sería él. Ciertamente era bastante raro aquel sujeto.  Con extremo disimulo miró hacia la puerta del jefe desde su asiento y vio a aquel hombre alto de traje negro salir de la oficina. A primera vista piensas que puede ser un guardaespaldas, a segunda vista podrías pensar que es un cobrador. Entre ese traje podría salir cualquier tipo de persona.
 Se le carcomió la garganta ante la curiosidad de ir a preguntarle a ese tipo quien era, pero se quedó sentado en su puesto. Rascó su cabeza y luego vio a su jefe salir de la oficina. Sus ojos se abrieron cuando vio que llevaba su agenda debajo del brazo. ¿Se iba a ir con él? Eso si que era raro.
No sabía si fue porque fue muy evidente, pero el jefe se volteó y le miró. No estaba seguro que fuese directamente a él, pero así lo sintió. Esas pupilas inyectadas de ira, parecían decirle — No viste nada, no preguntes nada, no comentes nada. — Frederic bajó la mirada y se hizo el que estaba trabajo. Quiso rehuir de esa mirada.
—Vete ya Jefe Cillian. — Murmuró Frederic nervioso.
 Cómo si sus ruegos hubiesen sido escuchados. Dejó le piso. Resopló fuertemente mientras apoyó su cabeza en el escritorio.
***
Apretaba los dientes y encarcelaba las groserías que querían salir por su garganta. Estaba arto. No podía creer que ese mismo momento ese delincuente de cuarta le estuviera chantajeando en su propia oficina.
Pensaba que ya habían dejado claro los términos de esa “relación”. Si necesitaba ayuda, se la daría, con la condición de que precisamente fuese algo secreto. Pero lo que acababa de hacer, nada tenía de secreto. Más de la mitad del piso se dio cuenta de la presencia de ese sujeto, que claramente no parecía un empresario.
No quería pensar en que en esos momentos estaría cotilleando sobre lo sospechoso que resultaba que ese personaje le hubiese visitado. Que comenzaran a especular y llegaran a la verdad. Sabía que mientras nadie confirmara las sospechas, nada se concretaría. El problema es que si ese sujeto seguía haciendo lo que la gana se le daba, todo iba a quedar obvio.
Al parecer ahora solicitaba de nuevo ” asistencia” en un nuevo embarque. El problema es que esta vez no tenía como cubrirlo. Por lo general, si tenía un embarque por las mismas fechas, lo hacía parecer como parte del cargamento. En ese mismo instante, no había nada con que encubrirlo. Por eso le sujeto no se conformó con la respuesta y se le metió a la maldita oficina a amenazarle para que le ayudara. ¿Por qué él? ¿Acaso no debía tener una red para esos casos?  Le desconcertaba.
Antes de darse cuenta, estaba saliendo del edificio y le vio en su singular carro.  Era como si tuviese pintado mafioso hasta en las luces. Apretó los dientes tratando de encarcelar las palabras, pero no dijo más. Solo mirándole avanzó. Cuando estuvo al frente de él, este le abrió la puerta y al subirse, no pudo sentirme menos que una puta.  Si lo pensaba en cierto modo lo era. Y por enésima vez en el día, maldijo a ese tipo.
— ¿Nos vamos Cillian? — Dijo Kendrick con voz socarrona.
No tuvo más remedio que voltear el rostro con asco y escuchar la risa de ese sujeto. Joder, cuanto lo detestaba.
***
Estiró sus brazos y miró la hora. Ya era la hora del almuerzo. Se levantó y pensando que iba a comer se dirigió hacia la salida.  Mientras bajaba las escaleras, vio a la guardia subió unos pasos y apenas lo vio le llamo.
— Señor lo están buscando en la puerta.
Frederic no escondió su cara de sorpresa.
— ¿Quién?
— No quiso dar nombre.
Frederic frunció las cejas y bajó las escaleras, entonces le vio detrás de las puertas de vidrio. Lo que había estado huyendo. Andrew estaba mirando para otro lado. Se le secó la garganta. Bajó los escalones y pensó que era mejor alejarle de aquel lugar si no quería que se armara en tropel ahí.
— Ah, no se preocupe. Yo le conozco.
El celador asintiendo solamente se devolvió a su puesto de trabajo. Frederic salió y carraspeó. Andrew volteó y le miró le señaló una cafetería que quedaba cerca. Estaba asustado porque no había dicho ninguna palabra, tampoco le había mirado con odio. De pronto se estaba conteniendo para cuando nadie le estuviese viendo. Además, era la primera vez que él le había ido a buscar al trabajo. En parte eso le había molestado, pero estaba más concentrado en esa actitud extraña.
No sabía si era una impresión dada por el miedo, o simplemente tenía problemas en los ojos. Pero en ese mismo instante el paisaje se le tornaba denso, como si los ojos tuviesen que rasgar las figuras para poderlas analizar.
Veía su espalda y sabía que tenía que acabar con ello. Tenía que decirle que ya no quería estar con él. Esa era su oportunidad. Entraron a la cafetería y él le indico una mesa que daba junto al jardín interior del lugar.
Le siguió en silencio y cuando se sentaron, el mesero alcanzó dos vasos de agua. Frederic no tenía ni alientos de respirar así que rechazó el vaso. Andrew tomó el de él y le dio un largo sorbo.





Antes de que Frederic pudiese articular palabra, Andrew puso la carpeta sobre la mesa y la abrió sobre la carta de aprobación sobre su solicitud.
— Me voy para otra a Manchester a estudiar en la universidad.
Frederic abrió los ojos comenzó a oscilar entre la carpeta y los ojos de Andrew. Este tomó una postura despreocupada poniendo su brazo en el espaldar de la silla.
— La cuestión. — Se interrumpió mientras tomaba aliento. —  Es que no quiero que por esto nuestra relación se acabe.
Frederic se atragantó con su saliva y comenzó a toser disimuladamente. No estaba pensando. La mente se le había quedado en blanco. Esa era su gran oportunidad, la de mandarle a la mierda y poder ser feliz ¿Entonces porque no le decía que quería acabar con todo eso ya?
— Lo único que puedo garantizarte es que los fines de semana vendré aquí.
Frederic estaba dispuesto a decir… ¿Qué?  Bajó la mirada y buscó aliados en el piso, pero no encontró nada.
  Te felicito. —  fue lo primero que se le escapó de la garganta. —  Venir a Bolton todos los fines de semana te debe costar un dineral. No deberías hacerlo. — Es lo más cercano a un rechazo que fue capaz de decir.
— No te preocupes por ello. — Andrew tomó otro sorbo de agua, —  Mi tío pudo la condición de que tengo que ayudarle los fines de semana en su empresa, por lo que él ofreció uno de sus carros para que yo lo utilice para venir.
Frederic hizo un sonido afirmativo. Quería escaparse por la ventana. ¿Por qué no se sentía feliz? Debería estarlo, de hecho había pensado en terminarle. Quería ponerse a llorar, no por él, sino por sí mismo. Su estupidez era tan grande, que ni el mismo había podido verla.
Andrew analizaba las expresiones, tenía que ser sincero. Le parecían tan falsas. Solo pensaba que estaba jugando.
  Estudiaré Ingeniería química. —  Rompió el silencio, pero Frederic parecía estar en otro lugar en ese momento.
Frederic no se dio cuenta, pero Andrew se había levantado y le había dejado ahí, solo. En su mundo de autocompasión, el dolor era más fuerte de lo que la consciencia le permitía ¿Qué tan estúpido puede ser alguien enamorado?
  

2 comentarios:

  1. ;) me alegra mucho que hayan podido actualizar pronto n.n, buen capitulo por cierto.
    de alguna forma esperaba conocer a un Andrew más violento aunque no entiendo por que quiere continuar con una relación en la que claramente ninguno de los dos está comodo u.u... y vaya, Frederic si que debe quererlo para no atreverse a dejarlo...
    buen capitulo de nuevo ;)

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  2. asadss, Me encanta la continuación!*-* ¿Por qué Frederic no terminó con Andrew?D:
    O: adoro la forma en que se ve tan vulnerable ante el amor *-* tanto así que parece un estúpido xD jaja, I love it!
    Es alucinante como Andrew puede estar tan calmado,owo ¡¡me encantaaa!! La recomendaré a mis amigos/conocidos/familiares *-*

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